lunes, 8 de agosto de 2016

La pregunta

Es la hora de la cena. Ella está feliz, orgullosa de sí misma. Le cuenta que hoy ha batido otra marca personal. 55 kg de snatch, y que después ha terminado el mismo WOD que hace dos meses bajando más de un minuto y medio el tiempo.

Él la mira en silencio, sonríe y asiente con la cabeza, medio ausente. En ese momento decide interceder en la narración y hacer la pregunta:

- Cariño... ¿No te estarás obsesionando con el entrenamiento?
Otro lugar, otros protagonistas...

Él está con sus amigos, de risas en un bar. Se ha tomado una cerveza y sus amigos empiezan a pedirse copazos. Él hace amago de levantarse y coger la chaqueta.

 - Pero hombre, ¿dónde vas? ¡Si acabamos de empezar!
- Ya, chicos, pero se hace tarde y yo mañana madrugo...
- ¡¿Que madrugas?! ¡No me jodas, que mañana es sábado! ¿Se puede saber qué tienes que hacer?
- Sí, sí, mañana es sábado... Pero por la mañana entreno y...

Y claro. Alguien tiene que decirlo:

- ¡Joder con el entrenamiento! Nos empiezas a preocupar... ¿No te estarás volviendo vigoréxico?

Que digo yo... Ya está bien, ¿no? Cualquiera que se haya puesto a seguir un plan de entrenamiento serio, que haya tenido la fuerza de voluntad para seguir yendo al gimnasio regularmente después del proverbial primer mes, ha tenido que escuchar este tipo de preguntas de mierda. Sin ningún tipo de sustancia, y que hacen más mal que bien.

Vamos a explicar las cosas despacito, para que todos puedan seguirlo.

La vigorexia es una enfermedad. Es un jodido TRASTORNO MENTAL que está al mismo nivel que la bulimia o la anorexia. Que insinúes que necesito un tratamiento psiquiátrico por el mero hecho de que hago una horita de deporte al día y procuro comer equilibrado para mantenerme en forma me parece realmente jodido por tu parte.

"Me empiezas a preocupar". Porque claro, beber tequila hasta perder el conocimiento es una práctica de lo más sana y natural. Pero correr, saltar o levantar pesos son tragedias mortales esperando a suceder. Engullir comida basura y bajarla con Coca-Cola está socialmente más que aceptado, pero si cenas una pechuga de pavo a la plancha con soja y semillas de lino eres peor que Hitler. Tu trabajo de oficina sentado ocho horas frente al ordenador es sano que te cagas (spoiler: NO), pero eso de correr para no ir a ningún sitio es estúpido.

"Te estás obsesionando con el entrenamiento", te dicen porque vas a sudar la camiseta durante una hora al día. Tienen los cojonazos de decirte, haciendo una pausa en su sesión de 6 horas seguidas de televisión o videojuegos. Que te estás obsesionando porque dedicas una parte mínima de tu tiempo cada día a permanecer en forma. Manda huevos.

Señoras y señores, ya está bien. Ya está bien de estigmatizar el hacer ejercicio con regularidad. Ya basta de poner en duda nuestro equilibrio mental porque todos los días pasemos un rato sudando la camiseta. Dejad ya de tratar de hacernos sentir mal por entrenar, de intentar hacer que nos cuestionemos si estamos haciendo lo correcto. Porque estamos haciendo lo correcto. Porque en un país donde la tasa de sobrepeso roza el 40% y la de obesidad está por encima del 21%, a aquellos que se proponen firmemente ejercitarse deberían animarles y apoyarles, no cuestionar su cordura. Porque no siempre es sencillo o hay ganas de ir a entrenar, y en muchas ocasiones es el pequeño empujón de ánimo de tus amigos y familiares lo que te permite seguir adelante con tus objetivos.

Si queréis tratar vuestro cuerpo como si fuese un vertedero, sois más que bienvenidos a hacerlo. Pero este cuerpo lo habito yo, y joder, quiero cuidarlo y mantenerlo en el mejor estado posible por tanto tiempo como se pueda. Y creo, CREO, que eso no me convierte en un enfermo mental. Por mucho que algunos de vosotros os empeñéis.

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